Estimado visitante:

442px-Emblem of the Papacy SE svg   Bienvenido a este blog de actualidad religiosa,de filosofía, de combate de la Verdad contra la secta modernista del "Concilio Vaticano II", de honor, amor y fidelidad al Magisterio infalible de la Santa Iglesia Católica, y de discusión sobre la actualidad de Méjico.
   Este blog pretende también reunir las direcciones de los centros de Misa y de sacerdotes NON UNA CUM, celebrando el Santo Sacrificio en total desunión a "Benedicto XVI" en México.

   No reconocemos, pues, la legitimidad de la autoridad de los "Papas del Concilio" Vaticano II. Estamos ciertos de que solamente esta posición, también llamada sedevacantismo, es la posición teológica que responde perfectamente a la situación actual de la Autoridad en la Iglesia, en particular detallada por la Tesis de Cassiciacum.

   Le invitamos a leer nuestro blog detalladamente. Permítanos presertarle nuestra postura teológica.

   Sea a la mayor gloria de Dios: 

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Tuesday 28 june 2011 2 28 /06 /Jun /2011 18:47

   Estimados lectores,

 

   el día de hoy tenemos del gusto de presentar a ustedes un nuevo blog. Se trata de un bello proyecto de unir por la oración a todos lo católicos verdaderamente católicos -es decir NON UNA CUM.

   Se trata del blog Oblatio Munda. Dejamos para ustedes algunas lineas de su presentación que, con mucho agrado, hacemos nuestras.

    ¡Buena lectura!

 

 

"¿Por qué el nombre de Oblatio munda? Estas palabras latinas significan Oblación pura. Dicho término, utilizado tradicionalmente para designar la Santa Misa, está tomado de la Sagrada Escritura: “Desde la salida del sol hasta su ocaso es grande mi nombre entre las naciones, y en todo lugar ha de ofrecerse a mi nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura, pues grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos” (Malaquías I, 11).

 

La Santa Misa, realización de la profecía de Malaquías, es pues la oblación pura; y lo es porque se trata de la renovación del Sacrificio que el Hijo de Dios ofreció sobre la Cruz a su Padre Eterno, porque en ese Sacrificio fue derramada la sangre del Cordero inmaculado, sin mancha. El Cordero sin mancha, el Cordero pascual que los judíos debían comer en el Antiguo Testamento, era realmente una figura del verdadero Cordero, del Cordero de Dios, según palabras de San Juan Bautista (Jn. I, 29) que la Iglesia conservó en su liturgia momentos antes de que el sacerdote administre la comunión a los fieles.

 

Todo lo que se refiere al Sacrificio del Cordero debe ser puro y sin mancha; en primer lugar, la fe de los fieles debe ser íntegra, pura y libre de todo error. Debemos también presentarnos ante el altar con la pureza de alma, en estado de gracia. Pero he aquí que la pureza del Sacrificio ha sufrido numerosos ataques durante la revolución causada por el espíritu iconoclasta, por la herejía anti-litúrgica, por la herejía jansenista, galicana, protestante, por el espíritu salido del Concilio Vaticano II.

 

Muchos católicos son escandalizados por las extrañas liturgias celebradas un poco en todas partes. En efecto, cuando entran en las iglesias para asistir a misa, muchos católicos de buena voluntad se encuentran frente a lo que algunos “hombres de Iglesia” han hecho del Sacrificio de Cristo: comunión en la mano y de pie administrada por laicos, liturgia “a la carta” librada a la improvisación de cada sacerdote, o liturgia celebrada directamente por laicos, y, en ciertas regiones, liturgias “inculturadas” (que incorporan los usos de algunos pueblos indígenas, por ejemplo…).

 

Algunos dirán que se trata de abusos que la autoridad de la Iglesia no aprueba, y sin embargo estos abusos se extendieron por todas partes inmediatamente después del Concilio, y por otro lado se ha podido ver a Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI realizar ceremonias litúrgicas con quienes no son católicos y dar la comunión a los herejes. En efecto, se los ha visto a ellos mismos realizar sacrilegios. Esto es solamente una constatación que se podría corroborar con numerosos testimonios fotográficos. Cuando el abuso es realizado por la autoridad, no es el abuso el que debe ser puesto en cuestión sino la autoridad misma.

 

Este estado de las cosas es pues el resultado de la reforma litúrgica promulgada por Pablo VI, en la cual trabajaron seis pastores protestantes. Esta reforma “representa, en conjunto y en detalle, un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa, tal como fue formulada por la Sesión XXII del Concilio de Trento” (“Breve examen crítico del Novus Ordo Missæ”, redactado por el R.P. Guérard des Lauriers O.P. y firmado por los cardenales Ottaviani y Bacci). Esta reforma litúrgica es la aplicación del Vaticano II y de sus nuevas doctrinas de la libertad religiosa, de la colegialidad, pero sobre todo del ecumenismo; lo cual no es sorprendente, ya que “Lex orandi, lex credendi” (“la ley del orar es la ley del creer”). Una vez que se cambió la ley del creer, de la fe, se cambió la ley del orar, la liturgia.

 

Este espíritu protestante –tan alejado de la santidad y ortodoxia de la liturgia católica, tan alejado de la santidad del Sacrificio del Cordero– es difundido por la reforma litúrgica resultante de las falsas doctrinas enseñadas por el Vaticano II. Un tal espíritu, arraigado en el pensamiento de Lutero y su odio del carácter sacrificial de la Misa católica, no podría nunca venir de la autoridad de la Iglesia; ya que la Iglesia es santa, como santa es la doctrina que ella difunde y las leyes que ella establece, como santa es la liturgia que ella promulga. Ella “no puede dar veneno a sus hijos” (Concilio Vaticano I).

 

Por todo esto, quienes administran este sitio se oponen a la “nueva misa” y al Concilio Vaticano II, que rechazan como no siendo obra de la Iglesia. Así pues, quienes administranOblatio munda rechazan a los autores de la reforma como no siendo la Iglesia. He aquí la razón por la cual constatamos la vacancia de la Sede Apostólica. No podemos, ni aprobar lo que hacen los modernistas, ni reconocerlos como la autoridad de la Iglesia.

 

En consecuencia, nada de este espíritu destructor, contrario a la santidad y a la ortodoxia, puede manchar la fe o la liturgia de la Iglesia. Y he aquí que volvemos al origen del nombre de nuestro sitio: Oblatio munda, oblación pura, sin mancha, inmaculada, virgen de este espíritu destructor, virgen de la mención de quienes lo difunden. Este sitio está entonces por la Misa“non una cum”, sin comunión con el actual ocupante de la Sede Apostólica y su modernismo."

Por Católico Intransigente
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Tuesday 3 may 2011 2 03 /05 /May /2011 04:25

“LA BEATIFICACIÓN DEL MUNDO”

 

De tanto en tanto es bueno volver a los fundamentos de nuestra actitud y replantearse el porqué de nuestra elección por la Tradición de la Iglesia.

 

En el orden espiritual, San Bernardo, para rechazar las tentaciones contra la vocación, se planteaba a sí mismo la siguiente pregunta: “Bernarde, ¿ad quid venisti monasterium?” [Bernardo, ¿qué es lo que has venido a hacer al convento?].

 

¿Por qué estamos a menudo en garajes o en lugares arreglados como capillas? ¿Por qué no vamos a la parroquia más cercana, por qué a menudo nos vemos obligados a hacer kilómetros y viajar para asistir a la Misa, mientras que quizá tenemos una iglesia junto a nuestra casa?

 

Estamos a favor de la Misa tradicional, pero eso no es suficiente, debemos oponernos también a la “Nueva Misa”; esta “Nueva Misa” que, según el “Breve Examen crítico del Novus Ordo Missæ”, redactado por el Padre Guérard des Lauriers O.P y firmado por los Cardenales Ottaviani y Bacci, “representa un alejamiento impresionante de la doctrina sobre el Santo Sacrificio de la Misa tal como ha sido definida por el Concilio de Trento”.

 

Esta “Nueva Misa” fue elaborada con la colaboración de seis pastores protestantes convocados por Pablo VI. Estamos pues en contra de la “Nueva Misa”.

 

Del mismo modo que estamos en contra del Concilio Vaticano II, particularmente en lo que se refiere a sus doctrinas sobre la libertad religiosa, la colegialidad, el ecumenismo, y el cambio de la doctrina de la Iglesia acerca del judaísmo.

 

Precisamente, en lo que tiene que ver con la libertad religiosa, Juan Pablo II, en aplicación del Vaticano II, pidió a varias naciones antes católicas (entre otras, Italia, España, Portugal y Colombia) retirar de sus constituciones el artículo que hacía de estos países Estados católicos. Juan Pablo II ha entonces obrado en favor de la laicización de los Estados. Y al hacerlo, al decir de Mons. Lefebvre, “le destronaron”, destronaron a Nuestro Señor Jesucristo como Rey de los Estados y de las sociedades.

 

Y es exactamente eso que se quiere beatificar hoy; pretender beatificar a Juan Pablo II, es pretender beatificar al Vaticano II, es querer beatificar el espíritu del mundo. No es posible aprobar una cosa semejante.

 

Para fundamentar mejor nuestro rechazo de dicha beatificación, vamos a recordar aquí algunos hechos y declaraciones realizadas por el personaje en cuestión durante la década del ‘80, lo cual va a recordarnos quien es esta persona realmente (todas las citas siguientes pertenecen al artículo “Itinerario ecuménico de Juan Pablo II”, Roma nº 106, Buenos Aires, 1988).

 

El 14/4/82, en la plaza de San Pedro, dijo: En las palabras de Cristo no hemos de ver una valoración superior de la virginidad o del celibato respecto al matrimonio. Esto, en oposición a la enseñanza del Evangelio, del Concilio de Trento y de Pío XII, y siguiendo la herejía de Joviniano (cfr. Joviniano 82, G. Corbi, Buenos Aires, ed. Iction).

 

El 25/5/82 asiste a un culto religioso anglicano en Canterbury, Inglaterra.

 

El 25/5/83 promulga un nuevo Código de Derecho Canónico”, el cual, entre otras cosas, permite a los católicos recibir los sacramentos de la Penitencia, Eucaristía y Extremaunción de manos de ministros no-católicos y, a su vez, permite a ministros católicos administrar dichos sacramentos a los no-católicos (can. 844). Además, dicho código suprimió la excomunión de los masones.

 

El 11/12/83 predica en un templo luterano en Roma y recita una oración compuesta por Lutero.

 

El 22/3/84 afirma ante la logia masónica judía B’nai Brith, que el diálogo entre católicos y judíos es un diálogo entre la primera y la segunda parte de la Biblia (Juan Pablo II y el judaísmo, ed. Paulinas, Buenos Aires, 1988, pág. 98).

 

El 6/5/84, en Seúl, Corea, dirige un saludo especial a los miembros de la tradición budista que se están preparando a celebrar la festividad de la venida del señor Buda (L’Osservatore Romano, 20/5/84).

 

El 7/5/84, en Nueva Guinea, una mujer con los senos descubiertos leyó hoy párrafos de la Biblia durante una misa celebrada por Juan Pablo II (La Nación, Buenos Aires, 9/5/84).

 

El 11/12/84 envió un representante a la colocación de la primera piedra de la mayor mezquita de Europa.

 

El 9/5/85: Es una alegría particular poder recibiros a vosotros... que seguís la fe del Islam, venidos a Roma para el coloquio sobre ‘la santidad en el Cristianismo y en el Islam’... Como lo he dicho a menudo en otros encuentros con mahometanos, tenemos un solo y mismo Dios y somos hermanos y hermanas en la fe de Abraham... Vuestro Santo Corán llama a Dios ‘Al-Quddus’...

 

En mayo de 1985, un documento oficial del Vaticano [que luego Juan Pablo II cita en la Sinagoga] afirma que el pueblo de Dios de la Antigua y de la Nueva Alianza, tiende hacia metas análogas, la venida o el retorno del Mesías. E invita a los cristianos a unirse a los judíos para preparar el mundo a la venida del Mesías (L’Osservatore Romano, 26/5/85).

 

El 8/8/85, en Togo, África, asiste a rituales vudú.

 

El 2/2/86, en viaje por la India recibió primero en la frente, de una sacerdotisa hindú, ‘el signo de reconocimiento de los adoradores de Shiva’ y el 5 de febrero, en Madrás, de manos de otra, se dejó aplicar en la frente el tilak, o tika, la pastilla de polvo rojizo de los adeptos al hinduismo’ (La Nación, 21/2/86).

 

Al Centro Hope de Jerusalén para la comprensión y la reconciliación interreligiosa: Venís de una ciudad que significa mucho para todos nosotros: judíos, cristianos y musulmanes. Jerusalén, la ciudad de David, el lugar de la muerte y resurrección de Jesús, el escenario del viaje nocturno de Mahoma hacia Dios (L’Osservatore Romano, 9/3/86).

 

El 13/4/86 visita la sinagoga de Roma, participa en la recitación de salmos, reconoce que la Iglesia persiguió a los judíos, y dijo dirigiéndose a ellos: Sois nuestros hermanos predilectos y en cierto modo se podría decir, nuestros hermanos mayores (L’Osservatore Romano, 20/4/86).

 

El 27/10/86, Juan Pablo II convocó a los representantes de las religiones del mundo para un encuentro de oración por la paz, en la ciudad de Asís. Entre otros sacrilegios realizados en ese lugar, unos bonzos incensaron una estatua de Buda en la Iglesia de San Pedro (L’Osservatore Romano, 2/11/86).

 

El 30/12/87 en la encíclica Sollicitudo Rei Socialis, dijo: Quiero dirigirme especialmente a quienes por el sacramento del bautismo y la profesión de un mismo credo, comparten con nosotros una verdadera comunión, aunque imperfecta [refiriéndose a herejes y cismáticos].

 

En esta enumeración, no se puede olvidar el beso al Corán y los numerosos “mea culpa”, o declaraciones de arrepentimiento por los “pecados de la Iglesia”, perdón, “de los hijos de la Iglesia”…

 

Todos estos actos se repitieron a lo largo de todo su “pontificado” y hasta el fin de su vida.

 

La única conclusión posible es afirmar que similares actos no pueden venir de la Autoridad legítima de la Iglesia, del mismo modo que la “Nueva Misa” y el Concilio Vaticano II no pueden ser obra de la Autoridad legítima de la Iglesia. La Iglesia es Santa, y en su seno no hay el lugar para la herejía, el cisma y el sacrilegio.

 

En el mismo sentido, la “beatificación” de un tal personaje no podría nunca ser considerada como un acto procedente de la legítima Autoridad de la Iglesia, así como tampoco la “beatificación” de Juan XXIII o la “canonización” de Mons. Escrivá de Balaguer.

 

No se puede callar ante un tal acontecimiento, y no se puede aceptar un tal acto. Decimos “non possumus”, como los mártires, cuando el emperador romano quería forzarles a renegar de Nuestro Señor, o a ponerlo en el mismo plano que las divinidades paganas, sobre un altar más entre los otros. Los mártires se negaron a ello y prefirieron morir.

 

Renovamos entonces nuestra adhesión firme a la Fe católica y solamente a la Fe católica.

 

No se trata de adherir a revelaciones privadas, a mensajes o a sucesos extraordinarios. Se trata pura y simplemente de adherir a la Fe.

 

No se trata tampoco de adherir a una persona, a un obispo, incluso muy virtuoso, a su palabra o a su acción. Se trata pura y simplemente de adherir a la Fe.

 

Todo cuanto acabamos de relatar, esta beatificación, son acontecimientos muy tristes para la Iglesia, a pesar de lo que muchos piensan, y es siempre doloroso y desagradable tener que referirse a estas cosas y ser tan crítico. Pero no debemos perder la esperanza ni la confianza, a pesar de todo.

 

La Iglesia, aunque pueda parecer a veces en muerte aparente, no puede morir, ya que tiene la promesa de Su Maestro. Un día el modernismo será derrotado y tendrá que callarse para siempre jamás, el día del triunfo de la Iglesia ciertamente llegará.

 

En este tiempo pascual renovemos nuestro amor, nuestra confianza, nuestra devoción, nuestra adhesión a la Iglesia y a la Santa Sede, a su Magisterio y a su doctrina. Tengamos confianza y calma, cuando todo parecía perdido, Nuestro Señor salió resucitado de la tumba.

 

Conservemos la fe en la Santa Iglesia Católica, la única institución divina que existe sobre la tierra, a pesar de lo que digan sobre las falsas religiones los seguidores de este ecumenismo delirante. Recemos por las almas confundidas, perdidas, escandalizadas.

 

Dice San Juan en la Epístola de hoy: “hæc est victoria, quæ vincit mundum, fides nostra” (“la victoria, que ha vencido al mundo, es nuestra fe”, I Juan 5, 4).

 

Padre Héctor L. ROMERO

 

[Sermón pronunciado el Domingo In Albis, 1ro. de mayo de 2011].

Por Padre Héctor L. ROMERO
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Sunday 10 april 2011 7 10 /04 /Abr /2011 00:46

   Los sacerdotes fundadores del Instituto Mater Bonii Consilii hicieron en mayo de 1987 esta retractación pública debido a los difusión pública de doctrinas erróneas concernientes a la fe o a la moral, enseñadas precedentemente cuando formaban parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X:

 

DISCULPA PÚBLICA

 

   por haber enseñado, o al menos dejado implícitamente creer como conformes a la verdad, durante el período de 1982-1985, cuando pertenecían a la Fraternidad San Pio X, los errores siguientes:

 

   1) El Pontífice Romano goza de la infalibilidad solamente cuando enseña "ex cathedra" (es decir, cuando define dogmas).

 

   2) El Magisterio Ordinario y Universal de la Iglesia  no es infalible.

 

   3) El "Concilio Vaticano II", siendo pastoral y no dogmático, no puede ser infalible.

 

   4) Es legítimo y es un deber desobedecer ordinariamente a la enseñanza doctrinal, moral y litúrgica de la Autoridad legítima (Papa y Obispos), reconociendo al mismo tiempo a dicha Autoridad, todos los poderes que le son propios según la Divina Constitución de la Iglesia.

 

   5) Es posible que la Autoridad legítima (el Pontífice romano) promulgue e imponga a la Iglesia Universal leyes (rito de la Misa, Sacramentos, Código de Derecho Canónico) que contengan errores, herejías, o leyes simplemente nocivas al bien de las almas.

 

   6) Es posible que un auténtico Pontífice romano, verdadero Vicario de Jesucristo, sea al mismo tiempo cismático, apóstata, en ruptura con la Tradición y que sus actos sean considerados como nulos.

 

   Las presentes declaraciones erróneas hieren mortalmente al dogma católico concerniente a la divina constitución de la Iglesia, su Magisterio, la infalibilidad de la Iglesia y del Pontífice Romano.

 

   Quienes firman la presente "Disculpa pública" piden perdón y oraciones a todos aquellos que pudieron haber sido escandalizados, asegurando que, con la ayuda de Dios, errores tan graves como estos, no serán nunca más enseñados. 

Por Católico Intransigente
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Sunday 3 april 2011 7 03 /04 /Abr /2011 01:58

Con un Decreto del 21 de enero de 2009, el prefecto de la Congregación para los  Obispos, cardenal Giovanni Battista Re, ha levantado “a los obispos Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta la censura de excomunión latae sententiae declarada por esta Congregación el 1 de julio de 1988” declarando privado de efectos jurídicos, “a partir de la fecha de hoy, el Decreto emanado en aquel momento”.

 

Como recuerda el mismo Decreto, el retiro de la excomunión ha sido acordado después de un pedido en tal sentido de Mons. Fellay, a nombre de los cuatro Obispos, enviado al cardenal Castrillón Hoyos, presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei (carta de Mons. Fellay del 15 de diciembre de 2008).

 

Por sí mismo el Decreto del 21 de enero atañe exclusivamente a los cuatro Obispos, que son “absueltos” así de la “excomunión” que les había caído veinte años antes, y no la Fraternidad San Pío X, que por el momento, con sus obispos, está todavía considerada privada de la “plena comunión”, y de cualquier estatuto canónico. A pesar de que no se haga mención, debería, por tanto, seguir siempre en vigor la “suspensión a divinis” para todos los sacerdotes de la mencionada Fraternidad. Los hechos contradicen por eso la pretensión de la Fraternidad misma de haber sido plenamente “rehabilitada” con el decreto del 21 de enero.

 

Si estos son los hechos, en su aspecto material, ¿qué juicio podemos sostener sobre este suceso que, como sea, no adolecerá de tener su influencia en la vida de la Iglesia?

 

Las consagraciones del 30 de junio de 1988

 

Un juicio adecuado, a la luz de la Fe, sobre este Decreto, y sobre el hecho que las autoridades de la Fraternidad San Pío X lo hayan solicitado, poniéndolo como preliminar a un futuro acuerdo, debe ante todo fundarse sobre el suceso que ocasionó el “Decreto de excomunión” del que están hoy suspendidos los efectos jurídicos, es decir, las consagraciones episcopales sin mandato pontificio realizadas por Mons. Marcel Lefebvre y Mons. de Castro Mayer el 30 de junio de 1988.

 

En ocasión de las consagraciones episcopales de 1988, el Instituto Mater Boni Consilii publicó una Declaración (Sodalitium N° 17, septiembre-octubre de 1988) que consideramos todavía ahora válida; en ella, entre otras cosas, leemos:

 

El Instituto Mater Boni Consilii constata que Mons. Lefebvre, y cuantos lo siguen, no han cometido formalmente cisma, porque no es cisma desobedecer a Juan  Pablo que no es formalmente Papa. Del mismo modo Juan Pablo II no puede excomulgar a ninguno,, estando del todo privado de autoridad, ni se aplican las censuras previstas por el derecho mismo en ausencia de autoridad.

 

Sin embargo, Mons. Lefebvre y la Fraternidad San Pío X inoculan en los fieles que le siguen una praxis – que se transforma siempre más en una doctrina – absolutamente cismática, según la cual en los hechos, se debe desobedecer también en materia gravísima al verdadero Vicario de Cristo, sin tener en ninguna cuenta su jurisdicción universal e inmediata sobre los fieles católicos. En su perspectiva, el fundador, los miembros y los fieles de la Fraternidad San Pío X, actúan cismáticamente

 

A nuestro parecer, por consiguiente, de los protagonistas de la jornada del 30 de junio de 1988 se podía decir cuanto afirma la Escritura: no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.

 

No actuaba lícitamente la Fraternidad San Pío X, consagrando los Obispos no sólo sin el acuerdo del Papa, sino contra la voluntad de aquel que ellos consideraban ser el Papa. Todavía menos lícitamente actuaban los modernistas que habían ocupado y todavía ahora ocupan las sedes episcopales, incluida la Sede Apostólica, en el imponer una doctrina en varios puntos contraria y hasta contradictoria  con aquella de la Iglesia, y una reforma litúrgica de sabor protestante: “Si incluso nosotros mismos o un ángel del Cielo viniese a anunciaros un Evangelio distinto de aquél que os hemos anunciado nosotros, sea él anatema” (Gal. 1,8; cf  Concilio Vaticano I, DS 3070).

 

El fiel católico no podía, en aquel día, seguir a Mons. Lefebvre, y tampoco a Juan Pablo II, tanto más que, anunciaban ya entonces, basándonos sobre las palabras mismas de Mons. Lefebvre, “futuras tratativas no están excluidas, al contrario están proyectadas”. El engaño continúa, como antes y más que antes.

 

La dolorosa impresión de entonces (que el espíritu de la Iglesia Católica no se encontraba cerca de los modernistas, obviamente, ni tampoco en Ecône) se representa hoy – a veinte años de distancia – de frente al decreto del 21 de enero de 2009.

 

Un gesto ecuménico, según la lógica del Vaticano II

 

Los observadores superficiales (o maliciosos) de los recientes sucesos eclesiásticos, han inicialmente difundido la idea que Joseph Ratzinger-Benedicto XVI sea y quiera ser el enterrador del Vaticano II (¡lo quisiera Dios!). La misma teoría fue ya defendida, en su momento, a propósito de Juan Pablo II y del mismo Pablo VI. Se trata desgraciadamente de una evidente falsedad, contradicha por sus mismas y explícitas declaraciones de Benedicto XVI, como antes de él Pablo VI y los dos Juan  Pablo, quiere simplemente realizar el Vaticano II, con la pretensión que el Vaticano II sea en continuidad (y desarrollo) del magisterio tradicional (Cf. Discurso de Benedicto XVI a la Curia Romana del 22 de diciembre de 2005, repropuesto significativamente por el Osservatore Romano. del 25 enero de 2009, p. 5; Cf. crítica en Sodalitium, n. 59, pp. 41-43).

 

La absolución de los cuatro Obispos “lefebvristas” se ubica, según Benedicto XVI, en esta óptica conciliar. Concedida durante el Octavario de plegarias por la unidad de los cristianos, publicada la vigilia de la clausura del Octavario y del 50° aniversario del anuncio de la convocación al Concilio de parte de Juan XXIII (25 de enero de 1959), la decisión no puede no recordar un gesto análogo y todavía más solemne: la recíproca (!) absolución de las excomuniones que se intercambiaron el “Patriarca” cismático de Constantinopla Atenágoras y Pablo VI el 7 de diciembre de 1965 con una declaración común que fue leída en la clausura del Vaticano II por el cardenal Willebrands en el Concilio reunido en sesión solemne.

 

La Iglesia Católica exige, para la absolución de las censuras eclesiásticas (entre las cuales está la excomunión) que el culpable se retracte de la propia contumacia (can. 2248 §2) (*), lo que implica que el reo “se haya arrepentido del delito cometido y al mismo tiempo haya dado, o por lo menos seriamente prometido de dar, una justa satisfacción por los daños y el escándalo dado” (can. 2242§3); aunque corresponde a la autoridad que absuelve juzgar la presencia de estas condiciones (ibidem), parece evidente que los cuatro Obispos no hayan obedecido, pretendiendo al contrario de no haber estado jamás excomulgados (Cf. Declaración de Mons. Fellay del 24 de enero de 2009). Pero, de la otra parte, ¿se han alguna vez arrepentido los orientales de su cisma? ¿Reconoce tal vez Atenágoras el primado de jurisdicción del Papa y la infalibilidad de su magisterio? Evidentemente no. Analógicamente, la absolución impartida por Benedicto XVI a los cuatro Obispos pertenece a la eclesiología ecumenista de la “comunión imperfecta” (Unitatis redintregratio, Lumen gentium) y “al nuevo estilo de Iglesia querido por el concilio que prefiere la medicina de la misericordia a la condena” (Osservatore Romano, 26-27 de enero de 2009).

 

La revocación de las excomuniones es, por lo tanto, como sostiene el Osservatore Romano (25 de enero de 2009) uno de los innumerables buenos frutos del concilio: 

 

“Los buenos frutos del concilio son innumerables, y entre estos está ahora el gesto de misericordia en la confrontación de los obispos excomulgados en 1988. Un gesto que le habría gustado a Juan XXIII y a sus sucesores [bueno, tal vez no a Pablo VI, n. d. a.] es un límpido ofrecimiento que Benedicto XVI, Papa de paz, ha querido rendir público en coincidencia con el anuncio del Vaticano II (…) A medio siglo del anuncio, el Vaticano II está vivo en la Iglesia”.

 

Lo ha confirmado el mismo Benedicto XVI el 25 de enero, en la Basílica de San Pablo, rodeado en la ceremonia litúrgica de “ortodoxos”, anglicanos y luteranos, elogiando el ecumenismo conciliar que prevé la conversión de todos, “también de la Iglesia Católica”, comenta escandalosamente  el Osservatore Romano del 26-27 de enero.

 

¿El verdadero fin de Benedicto XVI? Con la revocación de la excomunión “el Papa desaloja el campo de posibles pretextos para infinitas polémicas, entrando en el mérito del verdadero problema: la aceptación plena del magisterio, comprendido obviamente el concilio Vaticano II” (Osservatore Romano, 26-27 de enero de 2009): es cierto que éste el sentido de las palabras del decreto, que  exige ahora “verdadera fidelidad y verdadero reconocimiento del Magisterio y de la autoridad del Papa con la prueba de la unidad visible”. 

 

Si alguno hubiese tenido todavía dudas, el discurso tenido por Benedicto XVI el 28 de enero ha quitado toda ambigüedad, hablando explícitamente del Vaticano II:

 

“En cumplimiento de este servicio a la unidad que califica en modo específico mi ministerio he decidido hace unos días conceder la remisión de la excomunión en la cual habían incurrido cuatro obispos ordenados en el 1988 por Mons. Lefebvre sin mandato pontificio. He cumplido este acto de paternal misericordia porque repetidamente estos prelados me han manifestado su vivo sufrimiento por la situación en la que se encontraban. Deseo que a éste mi gesto le siga el solícito empeño de parte de ellos de cumplir los ulteriores pasos necesarios para realizar la plena comunión con la Iglesia, testimoniando así verdadera fidelidad y verdadero reconocimiento del Magisterio y de la autoridad del Papa y del Concilio Vaticano II”

 

Mons. Fellay: ambigüedad, pragmatismo, contradicciones

 

Si una cierta lógica – como hemos visto – se puede reconocer a los modernistas, otro tanto no se puede decir de la Fraternidad San Pío X.

 

La Fraternidad San Pío X reconoce en Benedicto XVI el Vicario de Cristo; y sin embargo continúa refutando su enseñanza sobre el Vaticano II.

 

La Fraternidad pide a Benedicto XVI la absolución de la excomunión para sus cuatro Obispos, reconociendo (implícitamente) la validez de esta censura, y declarándose así (implícitamente) arrepentidos del delito cometido. Para sus fieles, en vez, declara de haberla “siempre negado”, presentando la absolución como una victoria de la “Tradición”. Y de hecho los cuatro obispos, por veinte años, han vivido como si no hubiese alguna vez existido, al contrario, jactándose y reivindicándola como signo de ortodoxia, también sabiendo que si uno está excomulgado, endurecido, quedando por un año en la excomunión, es sospechoso de herejía (can. 2340§1).

 

Según el Decreto, la excomunión a los obispos ha sido levantada porque Benedicto XVI está “confiado en el empeño por ellos expresado en la citada carta de no ahorrar ningún esfuerzo por profundizar en los necesarios coloquios con la autoridad de la Santa Sede las cuestiones todavía abiertas, para poder así alcanzar rápido una plena y satisfactoria solución del problema puesto originalmente”. El problema es ciertamente de orden disciplinar (qué estatuto dar a la Fraternidad) pero también y ante todo de orden doctrinal, y relativo al Vaticano II y sus reformas. La absolución de la excomunión no resuelve, en efecto, sino que cubre de ambigüedad, los problemas puestos por el Vaticano II. Lumen Gentium, Gaudium et spes, Unitatis redintegratio, Nostra Aetate, Dignitatis humanae ecc., ¿son un desarrollo de la doctrina católica, o están en contradicción con la doctrina católica? Y si están en contradicción con la doctrina católica, ¿pueden tales errores, y las reformas que le han seguido, provenir de la Iglesia santa, infalible e indefectible, y, por consiguiente, del Vicario de Cristo? La declaración de Mons. Fellay del 24 de enero, señala sólo “razones doctrinales de fondo que ella (la Fraternidad) piensa están al origen de las actuales dificultades de la Iglesia”, ¡dificultades denunciadas por el mismo Juan Pablo II! Dichas razones doctrinales, por ahora no mejor especificadas, son presentadas como una opinión de la Fraternidad, y no como la doctrina no negociable de la Iglesia…

 

Los primeros actos puestos por Mons. Fellay después de la “remisión de las excomuniones” parecen confirmar que la Fraternidad San Pío X está ya dispuesta incluso a dolorosas renuncias con tal de arribar a una solución “positiva” de las tratativas y a cumplir, por consiguiente, aquel ulterior paso deseado por Joseph Ratzinger, coherentemente con su afirmación (incluida entre otras cosas en cada celebración de la Misa una cum famulo tuo Papa nostro Benedicto) de reconocer su autoridad y su magisterio.

 

Pespectivas futuras

 

Desgraciadamente los católicos corren el riesgo de recibir de los coloquios entre la Fraternidad San Pío X y los neo-modernistas una respuesta ambigua que entre ambos parecen desear, y que es indispensable para un acuerdo entre las partes.

 

Todo hace pensar, en efecto, que el acuerdo pueda “alcanzarse rápido” (Decreto). Benedicto XVI ha  plenamente satisfecho las condiciones puestas por la Fraternidad San Pío X con el Motu proprio Summorum Pontificum, y  ahora con el Decreto de la congregación para los Obispos. No es realista pensar que lo haya hecho sin recibir de Mons. Fellay y de su Fraternidad un compromiso en encontrar rápidamente un acuerdo. En esta perspectiva, la Fraternidad San Pío X debería en breve tiempo seguir el ejemplo de todas las otras sociedades religiosas que, separándose de ella han, antes que ella, estrechado un acuerdo similar: o sea, aceptar la nueva doctrina conciliar y la legitimidad de la nueva liturgia.

 

Si, en cambio, la Fraternidad, o una parte de ella, debiese rechazar el “paso ulterior” exigido, ella conservaría, sin embargo, aquella posición contradictoria y falsa, que la desacredita, según la cual los católicos deberían desobedecer a un legítimo Papa y oponerse a su magisterio para permanecer católicos, ya que del Papa, y, por consiguiente, de la Iglesia y, en definitiva, de Cristo, vendrían los errores que justamente la Fraternidad condena. ¿Quién no ve que estas afirmaciones son un ultraje al Papado, a la Iglesia, al Señor? 

 

La línea de conducta a tener

 

La línea de conducta a tener ha sido por nosotros expresada en un comunicado precedente (junio de 2008):

“Nuestra tarea, por tanto, no es aquella de favorecer las ‘tratativas’ en curso o, al contrario, de obstaculizarlas, sino de esperar más bien que, sea la Fraternidad San Pío X, sea los seguidores de los errores conciliares, depuestos los errores hasta ahora defendidos y proclamada integralmente la doctrina católica, se unan finalmente no en el error, sino en la Verdad”.

 

Por su parte, el Instituto Mater Boni Consilii, conforme a sus estatutos, “entiende representar para todos los fieles que lo deseasen… en estos tiempos de desorientación, un instrumento para perseverar en la fidelidad absoluta al depositum fidei revelado por Dios y propuesto por el Magisterio Infalible de la Iglesia.”

 

Sabemos que tenemos en Cristo, Camino, Verdad y Vida, y en la Iglesia Católica, columna y fundamento de la Verdad, el camino a recorrer y la roca firme sobe la cual apoyarnos, roca contra la cual la puertas del infierno no prevalecerán.

 

El Instituto renueva, por consiguiente, su profesión de Fe Católica, su adhesión al Magisterio Infalible y no reformable del Papa y de la Iglesia, y por esto retiene todavía hoy que la tesis teológica que mejor describe la situación que la Iglesia misma está viviendo sigue siendo todavía aquella que Mons. Guérard des Lauriers defendiera públicamente sobre la sede apostólica vacante, formalmente pero no materialmente, a partir del Vaticano II. La solución de esta crisis no pasa a través de una solución disciplinar como aquella pedida y obtenida por la Fraternidad San Pío X, sino solamente a través de  la condena de las novedades introducidas con el Vaticano II contra la enseñanza de la Iglesia y su disciplina canónica y litúrgica (sea en cuanto a lo relativo al rito del Santo Sacrificio de la Misa, sea en cuanto a lo relativo a los ritos de todos los Sacramentos), y la derrota definitiva de la herejía modernista. En la única Iglesia de Aquel que es Verdad, no pueden convivir la verdad y  el error, la Misa católica y el rito reformado. Confiamos esta causa a la especial intercesión de la Virgen Santísima, de San José, Patrono de la Iglesia, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de los Santos Pontífices Pío V y Pío X.

 

Verrua Savoia, 28 gennaio 2009

 

(*) Los cánones citados hacen referencia al Código de Derecho Canónico promulgado por el Papa Benedicto XV.

 

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Sunday 3 april 2011 7 03 /04 /Abr /2011 01:32

Documento N° 1 – Benedicto XVI hace cambiar la oración por los judíos en el Misal de San Pío V

 

En una nota del 4 de febrero de 2008 la Secretaría de Estado vaticana ha dejado saber que “el Oremos por los Judíos de la Liturgia del Viernes Santo”, contenida en el Misal de 1962 (con el título Pro convesione Judaerom) ha sido sustituida por un nuevo texto que, dice la nota, “deberá ser utilizado a partir del corriente año en todas las celebraciones de la Liturgia del Viernes Sato con el mencionado Missale Romanum”.

 

El nuevo texto es el siguiente:

 

Oremus et pro Iudaeis. Ut Deus et Dominus noster illuminet corda eorum, ut agnoscant Iesum Christum salvatorem omnium hominum.

Oremus. Flectamus genua. Levate.

Omnipotens sempiterne Deus, qui vis ut omnes homines salvi fiant et ad agnitionem veritatis veniant, concede propitius, ut plenitudine gentium in Ecclesiam Tuam intrante omnis Israel salvus fiat. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

 

El sitio de Radio Vaticana reporta una traducción en lengua italiana (que traducimos al español):

 

Oremos por los Hebreos. El Señor Dios Nuestro ilumine sus corazones para que reconozcan a Jesucristo Salvador de todos los hombres. Dios Omnipotente y eterno, Tú que quieres que todos los hombres se salven e alcancen el conocimiento de la verdad, concede propicio que, todos los pueblos entren en tu Iglesia, todo Israel sea salvo.

 

El texto tradicional de la oración, antes de las reformas, era:

 

Orémus et pro pérfidis Iudaéis: ut Deus et Dóminus noster áuferat velámen de córdibus eórum; ut et ipsi agnóscant Iesum Christum Dóminum nostrum.

Omnípotens sempitérne Deus, qui étiam iudáicam pérfidiam a tua misericórdia non repéllis: exáudi preces nostras, quas pro illíus pópuli obcæcatióne deférimus; ut, ágnita veritátis tuæ luce, quæ Christus est, a suis ténebris eruántur. Per eúndem Dóminum. R/. Amen.

 

Traducción italiana (del Messale Romano, LICE – Berruti,& C., Torino 1936) (que traducimos al español):

 

Oremos también por los pérfidos judíos para que el Señor Nuestro Dios quite el velo de sus corazones, y ellos también reconozcan a Nuestro Señor Jesucristo.

 

Dios Omnipotente y eterno, que ni la incredulidad de los judíos excluís de vuestra misericordia: dígnate escuchar las súplicas que os dirigimos por ese pueblo obcecado, a fin de que reconociendo el resplandor de vuestra luz, que es Cristo, salgan de sus tinieblas. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

 

Documento N° 2 - Comentario del Padre Francesco Ricossa, Superior del Instituto Mater Boni Consilii

 

Come es notable, la corrección del texto litúrgico tradicional ha sido pedida por la comunidad hebraica después de la “promulgación” del Motu Proprio Summorum Pontificum.

 

Se repite por ello cuanto sucede con el Vaticano II y la posterior reforma litúrgica, y aquello que debería haber sido la enseñanza y la oración de la Iglesia termina, siendo contrariado o por lo menos influenciado por quien es extraño e incluso contrario a la Iglesia. La petición de la comunidad hebraica llega, sin embargo, al encuentro de los proyectos personales de Joseph Ratzinger, el cual ha desde hace tiempo y varias veces preconizado una “reforma de la reforma” litúrgica mediante una amalgama y una contaminación del Rito Romano y de aquel reformado después del Vaticano II en clave ecuménica. EL mismo Motu Proprio prevé y auspicia esta contaminación; la celebración versus Deum pero con el rito montianiano en la Capilla Sixtina ha sido un experimento; la nueva reforma de la oración pro Judaeis de la Semana Santa, el último ejemplo.

 

Como hemos ya dicho, el Rito Romano tradicional que no se ha logrado suprimir con 40 años de prohibiciones y de persecuciones corre el riesgo ahora (si fuera posible) de desaparecer mediante la fusión y contaminación con el rito reformado.

 

Alguno objetará que en la nueva oración por los Judíos se pide su conversión, mientras que en la oración reformada de Pablo VI se pide su fidelidad a la Alianza (¡!), que de hecho es el perseverar en el error. A esta objeción se puede fácilmente responder: primero de todo que no es la oración reformada que ha sido modificada, incluso siendo ella escandalosa e inaceptable para la fe cristiana; ella continúa siendo parte del "rito ordinario" que, de hecho, es todavía celebrado en todos lados en nuestras iglesias; e luego que al contrario, es la oración tradicional que ha sido modificada y nuevamente prohibida, como si fuese impronunciable.

 

La nueva oración prevista para quien usará el misal "de 1962" debe ser juzgada no sólo por aquello que dice, sino por aquello que se niega a decir: si niega, o sea, a admitir con San Pablo que el pueblo en un tiempo elegido –negando a Jesucristo- es como enceguecido en las tinieblas. San Pablo lo sabía bien, él que –de fariseo asesino de cristianos que era- convertido por el Señor en el camino de Damasco, fue golpeado por una misteriosa ceguedad hasta que, con el bautismo, fue liberado de las tinieblas del judaísmo y ve la Luz verdadera que resplandece en las tinieblas, Jesucristo, el Verbo de Dios.

 

La nueva oración ratzingeriana pide por los judíos la luz de Cristo, pero niega que ellos se encuentren en las tinieblas de la negación de Cristo, avergonzándose de la palabra revelada (2 Cor 3, 15-16), como si los Judíos debieran sólo progresar en el camino de Dios y no también salir del error.

 

Una similar decisión no puede ser atribuida sólo a la “Secretaría de Estado”, como algunos buscarán de decir, también ellos, ciegos voluntarios, sino al mismo Benedicto XVI a cuyas órdenes está la Secretaría de Estado; no puede ser atribuida, en vez, a la Iglesia Católica, Esposa Inmaculada de Cristo, y a Cristo mismo.

 

Esperamos que los católicos sean coherentes, y sepan refutar un plato (el "Motu Proprio”, los varios indultos, la misma misa si se celebra "una cum")" que, todavía una vez, demuestra ser ninguna otra cosa que un don envenenado.

 

Verrua Savoia, 6 febrero de 2008

 

Padre Francesco Ricossa

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Sunday 3 april 2011 7 03 /04 /Abr /2011 01:29

El 7 de julio del 2007, Benedicto XVI ha hecho pública la Carta Apostólica Motu Proprio Data, “Summorum Pontificum cura” sobre el uso del Misal Romano, precedida de una carta a los Obispos de todo el mundo para presentar este documento.

 

Aquellos católicos que, desde siempre, se han opuesto a la reforma litúrgica conciliar no pueden permanecer indiferentes a un documento semejante que, aun no proviniendo de la Iglesia habrá ciertamente importantes repercusiones para la vida de la Iglesia.

 

Para poder dar una adecuada valoración es, sin embargo, indispensable retornar a los orígenes de toda la controversia concerniente al uso del Misal y del Ritual Romanos y, más en general, de la reforma litúrgica.

 

El Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica

 

De hecho, la reforma litúrgica culminada en 1969 con un nuevo misal, aun yendo más allá de la letra de la Constituciónconciliar Sacrosanctum Concilium, ha sido aplicada y querida bajo la orden y el control de Pablo VI, para expresar también en el campo litúrgico, con una nueva “lex orandi”, la nueva “lex credendi” de la eclesiología conciliar fundada sobre el ecumenismo y el diálogo interreligioso y, genéricamente, la nueva relación entre la Iglesiay el mundo contemporáneo (véanse en particular los documentos conciliares Lumen Gentium, Unitatis redintegratio, Orientalium ecclesiarum, Dignitatis humanae personae, Nostra aetate, Gaudium et spes).

 

La reforma litúrgica, por tanto, no puede ser disociada de la reforma doctrinal del Vaticano II. No por casualidad, casi al mismo tiempo del Motu Proprio sobre la liturgia, la Sagrada Congregaciónpara la Doctrinade la Fe, en continuidad con la Dominus Iesus y el discurso a los cardenales el 22 de diciembre del 2005, hapublicado otro documento (Respuesta a cuestiones referentes a algunos aspectos acerca de la doctrina sobre la Iglesia) con el cual se intenta dar una interpretación de Lumen gentium N° 8 (el famoso pasaje según el cual la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica, pero no es la Iglesia Católica). Esta interpretación se opone a la hermenéutica que van más allá de la letra del Concilio, pero es perfectamente fiel, sin embargo, a la letra del mismo Concilio, letra que no está en conformidad, como en vez se quiere demostrar, con la enseñanza precedente de la Iglesia.

 

Si, por lo tanto, la letra del Concilio, y no solamente su “espíritu”, es contraria a la enseñanza de la Iglesia, se deduce que el Concilio mismo no puede venir de la Iglesia y de su Autoridad Suprema divinamente asistida. Y que, por consiguiente, Benedicto XVI, que quiere permanecer fiel al Vaticano II, y mientras tenga esta intención, no puede ser la Autoridad de la Iglesia. He aquí por qué hemos escrito que el Motu Proprio, promulgado por Benedicto XVI, no es un documento de la Iglesiay no proviene de ella. Una primera conclusión es, por lo tanto, la siguiente: La crisis que estamos atravesando no tendrá fin hasta cuando no sean corregidos y condenados, los errores del Vaticano II. La celebración del Misal Romano no pone fin, por sí mismo, a esta crisis, y no es lícito celebrar la Santa Misa, o asistir a misas celebradas en comunión (una cum Pontífice nostro Benedicto) con una autoridad que no puede ser tal porque profesa e impone la doctrina reformada del Vaticano II.

 

La reforma litúrgica en el juicio del “Breve examen crítico del Novus Ordo Missae” y del Motu Proprio

 

Cuando en 1969, Pablo VI manifestó la intención de promulgar un nuevo misal, un grupo de teólogos, y en primer lugar el padre dominico L. M. Guérard des Lauriers, docente en la Pontificia UniversidadLateranense, redactó un “breve examen crítico del Novus Ordo Missae”. Al suscribirlo y presentarlo a Pablo VI, los Cardenales Ottaviani y Bacci expresaron este juicio sobre la reforma del misal: “el Novus Ordo (...) representa, sea en su conjunto como en lo particular, un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa cual fue formulada en la Sesión XXII del Concilio Tridentino, el cual, fijando definitivamente los ‘cánones’ del rito erigió una barrera infranqueable contra cualquier herejía que resquebrajara la integridad del Misterio”. El misal reformado es, por lo tanto, “una gravísima fractura”. Todos aquellos que por alrededor de cuarenta años se negaron de celebrar con el nuevo misal montiniano, o a asistir a los ritos celebrados con este misal, manteniendo vivo el antiguo, lo han hecho porque están convencidos de este juicio.

 

Completamente distinto el parecer expresado por Benedicto XVI en la carta a los Obispos y en el Motu Proprio. El misal reformado permanece la forma ordinaria del rito romano, mientras el Misal Católico es una forma extraordinaria (art. 1). Además se afirma que “no hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Misal Romano” y se concluye, por consiguiente, que “obviamente, para vivir la plena comunión, también los sacerdotes adherentes al uso antiguo no pueden, en línea de principio, excluir la celebración según los libros nuevos. No sería, de hecho, coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo” (carta a los Obispos). La participación al nuevo rito parece prevista al menos durante el Triduo Sacro (Jueves, Viernes y Sábado Santo) cuando no está permitido el uso del Misal “antiguo” (art. 2). Los institutos que habían adherido a la Comisión Ecclesia Dei y que buscaban de evitar la celebración del nuevo rito podrían ahora encontrarse, paradójicamente, después del Motu Proprio, ¡en una situación peor que la precedente! No se ve, por consiguiente, como Mons. Fellay, Superior de la Fraternidad San Pío X, haya podido declarar que “el Motu Proprio pontificio restablece la Misa tridentina en sus derechos” (declaración de la Fraternidad SanPío X, 7 de julio del 2007) y que este “documento es un don de la gracia (...) no es un paso, es un salto en la buena dirección (..) un acto de justicia (...) una ayuda sobrenatural extraordinaria” (entrevista de Mons. Fellay a Vittorio Messori, Corriere della Sera, 8 de julio del 2007).

 

Una segunda conclusión es, por tanto, la siguiente: los católicos non deben contentarse de ver reconocida la licitud de celebrar con el Misal Romano, sino que deben pretender –por la gloria de Dios, la santidad de la Iglesia, y el bien de las almas-, la integridad de la Fe, aquello que requerían en 1969 los Cardenales Ottaviani y Bacci, es decir, la abrogación pura y simple del nuevo misal (y de toda la reforma litúrgica).

 

La cuestión de la validez del Novus Ordo y las consecuencias del olvido de este asunto después del Motu Proprio

 

Benedicto XVI habla, lo hemos visto, de ortodoxia, del “valor y de la santidad” de la reforma litúrgica. La cosa no debe sorprendernos. Un rito de la Iglesia, de hecho, no puede ser otra cosa que ortodoxo (conforme a la recta doctrina), válido y santo, exactamente como la enseñanza de la Iglesia y del Papa no puede contener errores contra la Fe y la Moral.

 

Si el nuevo misal y, en general, la reforma litúrgica, “representa un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa”, eso es posible sólo porque no proviene de la Iglesia y de su Autoridad divinamente asistida.

 

Pero si el nuevo misal y, con toda la reforma litúrgica, el nuevo ritual de los sacramentos y el nuevo pontifical no son garantizados por la santidad de la Iglesia, entonces la duda sobre la validez de estos ritos, al menos para algunos de ellos, se torna posible. Con la nueva situación creada después del Indulto del 1984, el Motu Proprio del 1988 y el Motu Proprio del 2007 nacen situaciones graves para la validez y el respeto debido a los Santos Sacramentos, y en particular para el Sacramento de la Eucaristíay el Sacrificio de la Misa. De hecho, como tercera conclusión debemos recordar a sacerdotes y fieles como –a causa de las dudas sobre la validez del nuevo rito de consagración episcopal y de ordenación- los sacerdotes ordenados con el nuevo rito, o que han recibido el sacerdocio de Obispos consagrados con el nuevo rito- son dudosamente ordenados, por lo que su misa, también celebrada con el antiguo Misal Romano podría ser inválida. Que, por las dudas sobre la validez del nuevo misal, las partículas consagradas con el nuevo rito son dudosamente consagradas, y que, por consiguiente, los fieles que se acercan a la comunión también durante una misa según el antiguo misal celebrada por un sacerdote válidamente ordenado podrían recibir la santa comunión en manera inválida si las partículas distribuidas fueron consagradas durante una celebración desarrollada según el nuevo misal. En fin, que las partículas válidamente consagradas durante una misa celebrada con el rito antiguo y conservadas en el sagrario serán verdaderamente profanadas, serán distribuidas a los fieles durante los ritos reformados, los cuales, en expresión del mismo Benedicto XVI llegan frecuentemente al límite de lo soportable” (y también más allá). Estos motivos, que se agregan a los precedentes, impiden toda aceptación práctica del Motu Propio Summorum Pontificum.

 

La situación de la Iglesia después del Motu Proprio: esperanzas y temores

 

No corresponde a nosotros juzgar las intenciones subjetivas de Benedicto XVI en promulgar el Motu Proprio, bien que él mismo las ha, al menos en parte, manifestado aduciendo no el motivo de la defensa de la Fesino el motivo ecuménico de esta disposición, agregando incluso el criticar a la Iglesia misma y a sus “predecesores” de manera inaceptable (“Mirando al pasado, a las divisiones que en el curso de los siglos han lacerado el Cuerpo de Cristo, se tiene continuamente la impresión que, en momentos críticos en los cuales las divisiones estaban naciendo, no se ha hecho lo suficiente por parte de los responsables de la Iglesiapara reconquistar la conciliación y la unidad; se tiene la impresión que las omisiones en la Iglesiahayan tenido su parte de culpa en el hecho que estas divisiones se hayan podido consolidar”).

 

Podemos, sin embargo, preguntarnos si –más allá de las intenciones- el Motu Proprio es un paso adelante en la solución de la crisis que estamos atravesando o si, al contrario, se trata de un grave peligro. Porque pasando del campo de los principios a aquel de los hechos contingentes, es más fácil errar. Veamos juntos aquellos que me parecen los motivos de esperanza o de temor para el futuro, permaneciendo seguro de que las puertas del infierno no triunfarán sobre la Iglesiade Cristo.

 

No faltan los motivos de satisfacción, come han hecho notar también los comentadores más críticos del Motu Proprio. El más importante me parece el fracaso, -ya oficialmente reconocido- del intento de suprimir para siempre el Misal Romano y el Sacrificio de la Misa. Ensu carta a los Obispos, Benedicto XVI afirma que, con la introducción del nuevo misal, el antiguo “non fue nunca abrogado jurídicamente y, en consecuencia, en línea de principio, permaneció siempre permitido”. Con estas palabras Benedicto XVI desautoriza no sólo al artífice de la Reforma Litúrgica, Mons. Annibale Bugnini, que sostiene exactamente lo contrario (cf. A. Bugnini, La riforma litúrgica 1948-1975, CLV Edizioni Liturgiche, Roma, 1983, pp. 297-299) sino al mismo Pablo VI que en ocasión del Concistorio del 24 de mayo del 1976 declaró expresamente: “Es en el nombre de la Tradición que nosotros demandamos a todos nuestros hijos, a todas las comunidades católicas, de celebrar, con dignidad y fervor la Liturgia renovada. La adopción del nuevo Ordo Missae es abandonada al arbitrio de los sacerdotes y de los fieles: y la Instrucción del 14 de junio del 1971 haprevisto la celebración de la Misa en la antigua forma, con la autorización del Ordinario, sólo para los sacerdotes ancianos o enfermos, que ofrecen el Divino Sacrificio sin pueblo. El nuevo Ordo ha sido promulgado para que se sustituya el antiguo, luego de madura deliberación, después de las instancias del Concilio Vaticano II. No distintamente nuestro santo Predecesor Pío V había hecho obligatorio el Misal reformado bajo su autoridad, después del Concilio Tridentino.

 

La misma disponibilidad nosotros exigimos con la misma autoridad suprema que nos viene de Cristo Jesús, a todas las otras reformas litúrgicas, disciplinares, pastorales, maduradas en estos años en aplicación de los decretos conciliares”.

 

Quien ha sido testigo de aquellos días recuerda con tristeza el caso de sacerdotes que hasta entonces habían celebrado con el rito “antiguo” y que abandonaron por obediencia a Pablo VI, y de otros que, continuando a celebrar con el Misal Romano sufrieron toda suerte de persecuciones. Hoy, podemos decir que el intento de Paolo VI de destruir totalmente y prohibir la celebración de la Misa ha, también oficialmente, fracasado. Esta evidente contradicción (para quien tienen memoria) entre Pablo y Benedicto no puede sino sembrar la división en el campo de aquellos que sostienen el Concilio y sus reformas. Ejemplo, a este propósito, la declaración hecha al diario Reppublica por el Obispo de Sora, Aquino y Pontecorvo, también miembro de la Comisión Litúrgicade la Conferencia Episcopal Italiana: “No alcanzo a contener las lágrimas –ha dicho- estoy viviendo el momento más triste de mi vida como obispo y como hombre. Es un día de luto no sólo para mi, sino para tantos que han vivido y trabajado para el Concilio Vaticano II. Ha sido cancelada una reforma por la cual trabajaron tantos, al precio de grandes sacrificios, animados sólo por el deseo de renovar la Iglesia”. Desde este punto de vista el Motu Proprio es un punto a favor, ya que demostrará abundantemente el espíritu de desobediencia de los más convencidos autores del Vaticano II. Luego, con el Motu Proprio los bautizados tendrán alguna posibilidad más de ver nuevamente, o por primera vez, la liturgia de la Iglesia, y re-habituarse: un pasaje gradual pero humanamente necesario para salir de la enfermedad espiritual que nos ha golpeado por cuarenta años.

 

Estos beneficios serán, sin embargo, vanos si los católicos que permanecieron fieles hasta ahora a la doctrina y a la liturgia católica aceptaran, con el Motu Proprio, la “validez y la santidad” del nuevo misal, y la doctrina del Vaticano II. En este caso, el Motu Proprio, lejos de ser un paso (¡no un salto!) hacia la curación, será –como objetivamente es- un engaño fatal para reabsorber los católicos refractarios de la reforma neo-modernista. Tenemos ante los ojos los repetidos ejemplos de los que han desde ya, en los años o décadas pasados, aceptado un compromiso entre la verdad y el error: la Fe o es íntegra, o no es.

 

El Motu Proprio, en fin, preconiza una contaminación entre los dos ritos, según la intención varias veces manifestada por el Cardenal Ratzinger de alcanzar, en un futuro, un solo rito romano fruto de la evolución de aquel romano e del reformado. En efecto, bien que el Motu Proprio afirme repetidamente que el Misal “antiguo” y aquel de Pablo VI pueden coexistir como dos formas (extraordinaria y ordinaria) del rito romano, se advierte en realidad que los dos rituales no pueden coexistir, porque uno ha nacido para suplantar al otro. El único modo así de salvar la Reforma sería aquel de realizar una “reforma de la reforma”, que tendría, sin embargo, el efecto de destruir –si eventualmente fuese posible- la milenaria liturgia romana que ni siquiera Pablo VI logró extirpar. Desde ya el misal “liberado” del Motu Proprio, es aquel reformado por Juan XXIII; desde ya Benedicto XVI quiere alterarlo ulteriormente con la inserción de la lengua vulgar, de nuevos prefacios, de nuevas misas propias: bien rápido el abrazo del Motu Proprio se revelará más peligroso, para la Misa, que el persecutorio discurso del 24 de mayo del 1976, ya que correrá el riesgo de desaparecer por alteración y no más por supresión.

La última conclusión será, por lo tanto, aquella de no cambiar en lo más mínimo nuestra actitud de intransigente oposición a todas las doctrinas y las reformas modernistas. Nuestra intransigencia no mira a obtener honores o reconocimientos; ella mira, en cambio, y tenemos el deber, a obtener una profesión íntegra de la Fe, y una santa administración de los Sacramentos, sin ningún compromiso con el error, por la gloria de Dios, la salvación de las almas y el triunfo de la Iglesia.

Por Católico Intransigente
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Sunday 3 april 2011 7 03 /04 /Abr /2011 01:05

POR LA MISA ROMANA, CONTRA EL NOVUS ORDO

 

A consecuencia del Motu Proprio “Summorum Pontificum cura” sobre el uso del Misal Romano (7 de julio del 2007), el Insrtituto Mater Boni Consilii:

 

 

Constata con satisfacción que el intento de suprimir del todo el antiguo y venerable Misal Romano para sustituirlo con un nuevo misal reformado, intento expresado claramente por Pablo VI en el discurso al Concistorio del 24 de mayo de 1976, está –por implícita admisión del mismo Motu Proprio “Summorum Pontificum”-, míseramente fracasado.

 

 

No reconoce, sin embargo, “el valor y la santidad” del nuevo rito de 1969, aplicación del Concilio Vaticano II.

 

 

Al contraio, hace propio, sobre le nuevo rito, el juicio de los Cardenales Ottaviani y Bacci, según el cual el nuevo misal “representa, sea en su conjunto como en lo particular, un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa, tal cual fue formulada en la Sesión XXII del Concilio Tridentino”.

 

 

Recuerda que un juicio así de severo no puede designar un rito de la Iglesia, es decir, promulgado por la legítima y suprema autoridad eclesiástica.

 

 

No admite, por consiguiente, que el misal reformado pueda ser considerado la forma “ordinaria” del rito romano, del cual el Misal Romano antiguo sería sólo la forma “extraordinaria”.

 

 

Pide, con los mismos Cardenales Ottaviani y Bacci, la abrogación del nuevo rito y de toda la reforma litúrgica.

 

 

Pone en guardia sobre el proyecto de una ulterior reforma litúrgica que resultaría de la fusión y confusión de los dos ritos.

 

 

 

Verrua Savoia, 16 de julio del 2007, Fiesta de Nuestra Señora del Carmen.

Por Católico Intransigente
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Saturday 2 april 2011 6 02 /04 /Abr /2011 22:21

Herejía o, mejor, compendio de herejías surgido en el seno de la Iglesia a comienzos del vigésimo siglo XX bajo el influjo de la filosofía y de la crítica moderna, con la pretensión de elevar y de salvar la religión y la Iglesia Católica a través de una renovación radical.

 

Autores principales: en Francia Leroy y Loisy, en Inglaterra Tyrrel, en Alemania Schell, en Italia los autores (anónimos) del “Programa de los Modernistas”, que no tienen originalidad, pero repiten ideas de otros; obstinado seguidor y defensor del Modernismo fue E. Bonaiuti. El Papa San Pío X sancionó dos documentos contra el Modernismo: el Decreto del Santo Oficio “Lamentabili” (3 de julio de 1907, DB, 2001 ss.) y la Encíclica “Pascendi” (8 de septiembre de 1907). El primero consiste en una serie de 65 Proposiciones condenadas, la Encíclicaes un lúcido y profundo análisis de las teorías modernistas en contraste con la sana filosofía y con el patrimonio de toda la doctrina cristiana. Para hacerse una idea exacta del Modernismo basta leer este documento pontificio, que, no obstante las protestas de los Modernistas, con el pasar de los años, se ha demostrado siempre más objetivo y eficaz. Señalémoslo un esquema.

 

El Modernismo es una híbrida amalgama de catolicismo verbal con un real racionalismo naturalista, en base a tres falsos sistemas filosóficos:

 

1) Agnosticismo (del Kantismo), que pone juntos subjetivismo, fenomenismo y relativismo, desvalorizando el conocimiento racional.

 

2) Inmanentismo, por el cual la conciencia humana lleva en sí virtualmente toda verdad, también aquella verdad divina, que se desarrolla bajo es estímulo del sentido religioso (de la doctrina de Kant y de Schleiermacher).

 

3) Evolucionismo radical, por el cual la verdadera realidad no es el ser, sino el devenir dentro y fuera del hombre (de Hegel y más todavía de Bergson).

 

Consecuencias de índole religiosa:

 

a) Imposibilidad de demostrar un Dios personal, distinto del mundo.

 

b) La religión y la revelación son un producto natural de nuestro subconsciente y el dogma es la expresión provisoria, sujeta a una perenne evolución.

 

c) La Biblia no es un libro divinamente inspirado, sino que debe ser estudiado críticamente como libro humano, sujeto a errores.

 

d) La ciencia no tiene nada que hacer con la Fe: el crítico como tal puede negar aquello que admite como creyente.

 

e) La divinidad de Cristo no es producto de los Evangelios, sino que es fruto de la conciencia cristiana.

 

f) El valor expiatorio y redentor de la muerte de Cristo es una opinión de San Pablo.

 

g) Cristo no ha instituido la Iglesia ni el primado de Pedro, pasado luego a los Romanos Pontífices: la actual organización eclesiástica es la resultante de humanas contingencias y puede cambiarse continuamente.

 

h) Los Sacramentos fueron instituidos de los Apóstoles, que creían así interpretar las instrucciones del Maestro. Estos Sacramentos sirven solamente a mantener vivo en los hombres el pensamiento de la presencia del Creador siempre benéfica.

 

i) El dogmatismo rígido de la Iglesia Romana es inconciliable con la verdadera ciencia, que está ligada a la evolución universal y sigue su suerte.

 

San Pío X concluye justamente que el Modernismo, en razón de estos principios deletéreos, conduce a la abolición de toda religión y, por tanto, al Ateísmo.

 

(Parente- Piolanti, Dizionario di Teologia Dommatica per laici, Studium Roma 1943).

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Saturday 2 april 2011 6 02 /04 /Abr /2011 22:16

 El Papa San Pío X durante su pontificado (1903-1914), para combatir más eficazmente el modernismo, impulsó y aprobó la fundación de una asociación llamada Sodalitium Pianum (Liga de San Pío V). Monseñor Humberto Begnini (1862-1934), fundador y animador de la asociación, compuso el programa de Sodalitium Pianum, que puede ser considerado como el manifiesto de la acción política y social de los católicos. Publicamos el texto completo del programa de Sodalitium Pianum. El texto original, difícilmente hallable, está en lengua italiana; el texto que publicamos ha estado traducido de la versión francesa publicada por Emile Poulat en Integrismo y Catolicismo integral (Casterman, 1969).

 

1. Nosotros somos católicos romanos integrales. Como lo indica la palabra el católico romano integral acepta íntegramente la doctrina, la disciplina, las directivas de la Santa Sede y todas sus legítimas consecuencias para el individuo y la sociedad. Por consiguiente, en pro del Papa, clericales, anti-modernistas, antiliberales, antisectarios. Por lo tanto e integralmente contra-revolucionarios, porque es el adversario no solamente de la revolución jacobina y del radicalismo sectario, sino igualmente del liberalismo religioso y social. Queda absolutamente comprendido que diciendo “católico romano integral” no se quiere absolutamente en ningún modo modificar el título auténtico y glorioso de “católico romano”. La palabra “integral” significa solamente “íntegramente católico romano”, es decir, plena y simplemente católico romano, sin las adiciones ni las restricciones correspondientes (también sin la intención de aquellos que la usan) sea de la expresión de “católico liberal”, “católico social” u otras similares, sea de aquellos que tienden a restringir en la teoría o en la práctica la aplicación de los derechos de la Iglesiay de los deberes del católico en la vida religiosa y social.

 

2. Luchamos por el principio y por el hecho de la Autoridad, de la tradición, del orden religioso y social, en el sentido católico de la palabra y en sus deducciones lógicas.

 

3. Consideramos como plagas del cuerpo humano de la Iglesia, el espíritu y el hecho del liberalismo y del democratismo considerado católico, como asimismo el modernismo intelectual y práctico, radical y moderado, con sus consecuencias.

 

4. En los casos prácticos de la disciplina católica, veneramos y seguimos a los Obispos puestos por el Espíritu Santo para regir la Iglesiade Dios bajo la dirección y el control del Vicario de Cristo, con el cual queremos estar siempre, antes que todo y a pesar de todo.

 

5. La naturaleza de la Iglesia Católicanos enseña, y su historia nos confirma, que la Santa Sede es el centro vital del catolicismo; a eso se debe, desde un cierto punto de vista y sobretodo a causa de ciertas circunstancias, la posición momentánea de la Santa Sede que es también el resultado de la situación religiosa y social. De allí comprendemos plenamente que Roma pueda algunas veces callar y esperar, por causa de la situación en sí misma, como se presente en determinado momento. En estos casos evitaremos utilizar el pretexto de permanecer inactivos, frente a los daños y peligros de esta situación. En los momentos en los cuáles, en diferentes casos, hayamos entendido y controlado en modo seguro la realidad de las cosas, nosotros actuaremos en el mejor de los modos posibles para contrarrestar estos daños y estos peligros, siempre y dondequiera de acuerdo a la voluntad y los deseos del Papa.

 

6. En nuestra observación y en nuestra acción nos ponemos siempre desde el punto de vista “católico”, es decir, universal –sea en el tiempo, a través de los diferentes momentos históricos, -sea en el espacio, a través de todas las naciones. Sabemos que en la contingencia momentánea y local, existe siempre, al menos en el fondo, la lucha secular y cosmopolita entre dos fuerzas organizadas; por una parte, la única Iglesia de Dios, Católica y Romana, y por la otra, sus enemigos internos y externos. Los externos (las sectas judaico-masónicas y sus aliados directos) están en las manos del poder central de la Secta; los internos (modernistas, demo-liberales, etc.) sirven a los otros como instrumentos concientes e inconcientes de infiltración y descomposición entre los católicos.

 

7. Combatimos la secta interna y la externa, siempre y dondequiera, bajo todas las formas, con todos los medios honestos y oportunos. En las personas de los sectarios internos y externos y de sus cómplices combatimos asimismo la realización concreta de la Secta, de su vida, de su acción, de sus planes. Entendemos hacerlo sin rencor en la confrontación con los hermanos extraviados, como por otra parte, sin ninguna debilidad y sin ningún equívoco, como un buen soldado trata sobre el campo de batalla a todos aquellos que se enfrentan bajo la bandera enemiga, sus ayudantes y sus cómplices.

 

8. Estamos plenamente: contra toda tentativa de disminuir, de dejar en segundo plano, de disimular sistemáticamente las reivindicaciones papales sobre la Cuestión Romana, de excluir la influencia social del Papado, de hacer dominar al laicismo; por la reivindicación incansable de la cuestión romana según los derechos y las directivas de la Santa Sede; y por un esfuerzo continuo en vista de reportar, lo más posible, la vida social bajo la influencia legítima y benéfica del Papado y, en general, de la Iglesia Católica;

 

9. Contra el inter-confesionalismo, el neutralismo y el minimalismo religioso en la organización y la acción social, en la enseñanza, como así también en toda otra actividad del hombre individual y del hombre colectivo, la cual depende de la verdad moral, y por tanto de la verdadera religión, por consiguiente de la Iglesia; por el confesionalismo en todos los casos previstos en el parágrafo precedente; y con el supuesto de que, en casos excepcionales y transitorios, la Santa Sede tolera la uniones inter-confesionales, por una aplicación concienzuda controlada de esta tolerancia excepcional, y por su duración y extensión lo más limitada posible, según la intención de la misma Santa Sede;

 

10. Contra el sindicalismo abiertamente o implícitamente “a-religioso”, neutro, amoral, que lleva fatalmente a la lucha anticristiana de las clases según la ley brutal del más fuerte, contra el democratismo, también cuando se denomine cristiano, pero siempre más o menos envenenado de ideas y de hechos demagógicos; contra el liberalismo, también cuando se denomine económico social, que incita con su individualismo a la disgregación social; por la armonía cristiana de las clases entre sí, así como entre los individuos, las clases y la sociedad entera; por la organización corporativa de la sociedad cristiana, según los principios y las tradiciones de justicia y de caridad sociales, enseñadas y vividas por la Iglesia y por el mundo católico en el curso de los siglos y que por consecuencia son perfectamente adaptables a toda época y a toda sociedad verdaderamente civilizada;

 

11. Contra el nacionalismo pagano, que es copia del sindicalismo a-religioso, sea el que considera las naciones, sea el otro que considera las clases, es decir, la colectividad en la cual cada uno puede y debe buscar de un modo inmoral los propios intereses, completamente al margen y contra los intereses de los otros, según la bruta ley de la que hemos hablado; y al mismo tiempo contra el antimilitarismo y el pacifismo utopista aprovechado por la Secta para debilitar y adormecer a la sociedad bajo la pesadilla judío-masónica; por un patriotismo sano y moral, patriotismo cristiano del cual la historia de la Iglesia Católicasiempre nos ha dado espléndidos ejemplos.

 

12. Contra el feminismo que exagera y desnaturaliza los derechos y deberes de la mujer, colocándolos fuera de la ley cristiana; contra la educación mixta; contra la iniciación sexual de la juventud; por el mejoramiento de las condiciones materiales y morales de la mujer, de la juventud, de la familia, según la doctrina y la tradición católica;

 

13. Contra la doctrina y contra el hecho profundamente anticristiano de la separación entre la Iglesia y el Estado, como también entre la Religióny la sociedad, la ciencia, la literatura, el arte; por la unión leal y cordial de la sociedad, de la ciencia, de la literatura, del arte como del Estado con la Religión y por consiguiente con la Iglesia;

 

14. Contra la enseñanza filosófica, dogmática y bíblica “modernizada”, la cual, también cuando no es completamente modernista, como fuere es reducida a una enseñanza arqueológica o anatómica, como si no se tratase de una doctrina inmortal y vivificante que todo el clero, sin excepción, debe aprender sobretodo para el ministerio sacerdotal; por la enseñanza eclesiástica inspirada y guiada por la gloriosa tradición de la Escolástica, de los Santos Doctores de la Iglesia, y de los mejores teólogos de la época de la Contrarreforma, con todos los auxilios del método y de la documentación científica;

 

15. Contra el falso misticismo y tendencia individualista e iluminista; por una vida espiritual intensa y profunda, según la enseñanza doctrinal y práctica de los santos autores y de los místicos alabados por la Iglesia;

 

16. En general contra la explotación del clero y de la Acción Católica por parte de los partidos políticos o sociales; y en particular contra la encantamiento “social” que se quiere inocular al clero y a la Acción Católica con el pretexto de “salir de la sacristía” para más raramente, o a escondidas, o como fuere, regresar con el espíritu absorbido por el resto; por el mantenimiento de la acción eclesiástica y respectivamente de la Acción Católica en conjunto sobre el terreno abiertamente religioso, ante todo, y sin encantamiento “social” o algo similar para las otras cosas;

 

17. Contra la manía y la debilidad de tantos católicos de querer sembrar “conciente y evolutivamente, al paso del tiempo”, e “ingenuamente” frente al enemigo brutal e hipócrita además de implacable, -siempre listos para esparcir su tolerancia, para avergonzarse y directamente para condenar los actos cumplidos con justo rigor por la Iglesia o a causa de ella, -siempre listos a un optimismo sistemático frente a las trampas del adversario y a reservar su desconfianza y dureza en las confrontaciones con los católicos romanos integrales; por una actitud justa y oportuna, pero siempre franca, enérgica e incansable en las confrontaciones del enemigo, de sus violencias y de sus engaños;

 

18. Contra todo eso que es opuesto a la doctrina, a la tradición, a la disciplina, al sentimiento del Catolicismo integralmente Romano; por todo eso que le es conforme.

Por Católico Intransigente
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Sunday 6 march 2011 7 06 /03 /Mar /2011 02:20

001 MaterBoniConsilii

Kýrie eléison.

Christe eléison.

Kyrie eléison.
Christe, audi nos.

Christe, exáudi nos.
Pater de caelis, Deus, miserére nobis.

Fili, Redémptor mundi, Deus, miserére nobis.

Spíritus Sancte, Deus, miserére nobis.

Santísima Virgen María, nuestra madre, aconséjanos y protégenos (se repite).
Hija amadísima del Padre Eterno,
Madre augusta del Hijo de Dios,
Divina Esposa del Espíritu Santo,
Templo viviente de la Santísima Trinidad,
Reina del Cielo y de la tierra,
Sede de la Divina Sabiduría,                                                           

Depositaria de los secretos del Altísimo,
Virgen prudentísima,
En nuestra perplejidades y en nuestras dudas,
En nuestras angustias y en nuestras tribulaciones,
En nuestros quehaceres y en nuestras empresas,
En los peligros y en las tentaciones,
En los combates contra el demonio, el mundo y la carne,
En nuestro desaliento,
En todas nuestras necesidades,
En la hora de nuestra muerte,
Por tu Inmaculada Concepción,
Por tu Feliz Natividad,
Por tu admirable Presentación,
Por tu gloriosa Anunciación,
Por tu bendita Visitación,
Por tu Divina Maternidad,
Por tu Santa Purificación,
Por los dolores y las angustias de tu materno corazón,
Por tu preciosa dormición,
Por tu triunfal Asunción,

Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, parce nobis, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, exáudi nos, Dómine.

Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, miserére nobis.

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

R. Y alcánzanos el don del buen consejo.

 

Orémus.
Deus qui Genitrícem dilécti Fílii tui Matrem nobis dedísti, ejúsque speciósam Imáginem mira apparitióne clarificáre dignátus es: concéde quaesumus, ut ejúsdem mónitis júgiter inhaeréntes, secúndum cor tuum vívere, et ad caelestem pátriam felíciter perveníre valeámus. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. R. Amen.

 

Oremos.

Oh Dios, que nos has dado por madre la Madre de tu amadísimo Hijo y te has dignado glorificar su hermosa Imagen mediante una milagrosa aparición, concédenos, te suplicamos, que siguiendo siempre sus consejos, podamos vivir según tu corazón y alcanzar la patria celestial. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. R. Amén.

Por Católico Intransigente
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Sunday 6 march 2011 7 06 /03 /Mar /2011 01:56

   Estimados lectores,

 

   hemos recibido hace un par de días un correo electrónico pidiéndonos ayuda:

 

   un católico nos pide desde Honduras la dirección de algún sacerdote que pueda administrarle los sacramentos. Transmitimos aquí mismo el mensaje:

 

"Bendiciones.
Escribo desde Honduras para saber si hay alguien que me pueda dar los sacramentos aunque sea una o dos veces al año . Soy pobre y no puedo viajar pero ofrezco mi casa y alimentacion, el costo de viaje no podria darlo pero si puedo dar alojamiento y comida. Ayudenme por favor que la Virgen los cuide.
 Bendicion"

 

   Pues bien, amigos, esperamos que desde ese bello país alguien lea nuestro llamado y pueda ayudar a nuestro lector. Que la Virgen Santísima les comble de bendiciones, y ayude a "X" a perseverar.

 

   Católico Intransigente.

Por Católico Intransigente
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Wednesday 2 march 2011 3 02 /03 /Mar /2011 03:17

   La tesis da a lo real lo que es real, y da a la legalidad lo que es legal. Lo real es lo formal, lo legal es lo material.

 

   La clave para entender la tesis es esta: la jurisdicción viene directamente de la autoridad divina; la designación para recibir la jurisdicción viene de la autoridad eclesiástica. Lo que viene directamente de Dios es anulado por las intenciones contrarias de Wojtyla; lo que viene de la autoridad eclesiástica puede ser anulado solamente por la autoridad eclesiástica.  

 

   La designación viene de los electores debidamente autorizados, solo ellos pueden anular la designación. Así Wojtyla (Ratzinger) en realidad no es papa. Sin embargo, materialmente lo es, en cuanto que está en posesión de una elección legal. Si uno no respeta la distinción entre el orden real y legal, lo formal y lo material, hace que la Iglesia se vuelva una muchedumbre sin control. Además la teoría de los sedevacantistas absolutos arruina la apostolicidad de la Iglesia. No recuerdo haber visto a ninguno de los absolutos siquiera abordar el problema de la apostolicidad en la presente crisis. Ellos generalmente responden: “Dios se ocupará de ello.” Sí, El lo hará, pero “Dios se ocupará de ello” no es Teología Sacra. La Iglesia no respondió a las objeciones contra la Trinidad diciendo “de una forma u otra hay tres Personas en un solo Dios”, sino que cuidadosamente, por el trabajo de los Santos Doctores y finalmente por las declaraciones del Magisterio, definió ciertas verdades sobre la Trinidad por las se respetan tanto la unidad de la esencia divina, como la trinidad de las Personas.

 

   Por lo tanto, si los sedevacantistas absolutos pueden abordar exitosamente el problema de la continuidad de la jerarquía fundada sobre San Pedro, nosotros, material-formalistas, estamos escuchando.

 

 

Por Católico Intransigente
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